Vaya, ya tenía bastante tiempo sin pasarme por aquí. Ya saben, twitter y eso. Aunque tan complejo puede ser pensar en qué poner en sólo 140 caracteres que ordenar las muchas ideas que tengo ahora mismo para poner en este abandonado blog.
El caso es que desde mi última entrada han pasado varias cosas, buenas y aterradoras. Ahora soy empleada con horario de 8:00 am a 5:00 pm, ya no me pude escapar del horario de oficina, y eso atenta contra mi costumbre de dormir hasta tarde. Ni modo, yo sabía que eventualmente tendría que hacerlo.
La domesticación trajo finalmente el tan anhelado pago quincenal, y eso me permitió pagar algunos tratamientos para la piel. Únicamente alguien que haya tenido acné durante muchos años puede entender el daño emocional y social que una enfermedad así trae consigo. El caso es que hoy inicio mi tratamiento con isotretinoína, en su modalidad de Neotrex, y lo que más miedo me da es la caída del cabello, no me gusta la idea de verme calva. Me dijo la dermatóloga que voy a tener que tomar el tratamiento por un año; gastar $850 cada mes, más la consulta, no suena emocionante. Tampoco me entusiasman los efectos secundarios, pero estoy dispuesta a arriesgarme.
No es un tema del que pueda hablar mucho con las personas a mi alrededor, me da la impresión de que mi familia y mis amigos tienen una mezcla de preocupación e incomprensión al respecto, se preocupan por los efectos colaterales, pero les parece un riesgo innecesario, un enorme derroche de banalidad. Ellos no entienden cuanto está en juego, no comprenden que he negociado la mitad de mi vida por recordar lo que se siente ser “normal”.